Así se hizo: la foto al Chacal de Mauritania

Así se hizo: la foto al Chacal de Mauritania
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Lo primero es agradecer la acogida al anterior post de Así se hizo: la foto al F18, del que nos alegramos que haya servido de ayuda en vuestros propósitos fotográficos. Así que vamos con una nueva entrega, cambiando de escenario y país, con un ser “vivo” que no estaba tan quieto como nuestro querido piloto, pero con una serie de complicaciones que de nuevo hicieron estrujarse el cerebro y usar cuanto teníamos a mano. :blush:

En el blog de Foto24, en la sección Detrás de la cámara, vamos a continuar publicando en breve nuevos artículos donde, el viaje fotográfico, y cuanto sucede en él, es de vital importancia en mi trabajo. Mauritania, Polonia, Roma, Londres, Finlandia, Etiopía, serán los protagonistas de dichos artículos. Complementando esta tarea formativa en el foro. :wink:

La fotografía del “Chacal” fue realizada en marzo de 2014, y seguramente la pudisteis disfrutar en varias revistas del país donde Foto24 realizó la publicidad que mencionaba la lente y flash utilizado. La hice en el poblado de Arkeis, concretamente, nuestras haimas estaban detrás del montículo donde se hallaba dicho poblado de pescadores compuesto por apenas una veintena de casas en el mejor de los casos, y chabolas en la gran mayoría de ellos. Con la pobreza y escasez de recursos por bandera. A 242 kms de la ciudad de Nouadhibou, en el interior del desierto y en el conocido Parque Nacional del Banc d’Arguin, que goza de un tesoro en flora y fauna formidable. Declarado “Patrimonio de la Humanidad por la Unesco”. Esa vasta extensión es el hogar de chacales, hienas, fénec, cormoranes, garzas reales, gacelas, flamencos… entre otros muchos.
Sinceramente, el motivo de mi viaje era más de calado social, si bien la naturaleza y el medio ambiente es otra de mis pasiones a la que he dedicado trabajos. En los primeros días oí comentar que moraban chacales, pero no creí que tan cerca. La primera noche, un par de horas antes de amanecer, un compañero de viaje (Jose), salió de la haima para hacer pis (sí, hijos míos, no esperéis baños), y medio dormido se percató que el chacal estaba casi a su lado :wolf: mientras se “aliviaba”. Entró en la tienda y me despertó para advertirme. Cogí la cámara como una exhalación y salimos a ver si podíamos “retratarle”, pero son bastantes huidizos y se había ido casi a pie de las olas del mar. Señalar que la luz de Luna esos días era un lucero encima de nosotros, por lo que me dio una idea para esperar a nuestro amigo. Ahí va la foto:

Es el resultado de varios días esperando y fotografiando a diferentes distancias. Oculto dentro de la haima y aprovechando un roto que me servía de pequeña ventana. En cuanto mis amigos se echaban a dormir (roncar y tirarse pedetes) comenzaba mi turno de guardia chacalero. Hay un buen número de imágenes de esos días probando cosas, donde el animal me regaló momentos impagables, pero la escogida para ser publicada en las revistas y que ahora compartimos aquí, nos muestra la fuerza en la mirada del animal (sabedor de mi presencia), y la elegancia en su postura sigilosa. Son unos moradores natos cuya virtud es una cadencia en sus patas asombrosa: parpadeas más de la cuenta y el animal está en otro lugar. Imprimen un ritmo difícil de seguir, recordando un dibujo animado. Tuvo varias trifurca con perros salvajes de la zona divertidísimas, persiguiéndose por toda la explanada como el Show de Benny Hill. Debo reconocer que, tras pasar horas con el mando en la mano y el equipo en standby, mirando por la ventanita ansioso, ver aparecer su figura es una emoción difícil de explicar. Sentía que en ese momento éramos él y yo solos ante nuestros propósitos: él comerse la comida que encontrase, y yo poder fotografiarlo. Fueron días donde le variamos el “menú” :meat_on_bone: :fried_shrimp: a fin de ver qué le interesaba más. Vamos con la gráfica de cómo hice y con qué la fotografía.

He tratado –como en el post anterior– de ser lo más claro y conciso a la hora de situar los elementos. Cada noche, antes de que mis compañeros se fuesen a dormir, colocaba unos pedazos de pescado, calamar o lo que sobrase del día a unos determinados metros desde la puerta de la haima. Esos metros los fui reduciendo a medida que comprobaba el atrevimiento del animal. Coloqué la Nikon D610 con el Samyang 85mm f1.4 IF MC, sobre un trípode Vanguard Alta Pro 263 AB: en realidad usé la versión 253 CT, que es prácticamente el mismo tipo de trípode y rótula, pero en una versión de carbono. Es un trípode muy robusto, ligero, con muchas posibilidades y que cabe muy bien en una maleta. Apto para foto y vídeo. Como el Triopo GT-3128: pequeño pero matón en muchas circunstancias. Lo usé para colocar el Flash Gloxy F990 por otro agujero de la haima, en su esquina izquierda, permitiendo sacar su cabezal manteniendo oculto todo lo demás. Usé un juego de emisor y disparador de la marca Phottix sin TTL, debido a que los superiores Gloxy Gx-625N aún no habían salido al mercado. Aunque debo mencionar que cada cual utilice lo que mejor le vaya a su bolsillo o gusto personal. Como dije en el anterior post, estos nuevos permiten trabajar tanto en manual como en TTL, de forma fiable a un precio estupendo. En la cámara conecté el mando Gloxy Met por cable. Solo faltaba componer y programar todos los valores.

EJECUCIÓN DE LA FOTOGRAFÍA

Tenía en la cabeza la fotografía soñada. Como la Nikon D610 permite utilizar varios recortes de sensor, escogí el DX que multiplica por 1,5, dejándome el 85mm en un 127,5mm. Eso me acercaba más la escena sin perder calidad puesto que de los 24,3mpx pasaba a 15mpx. No quería utilizar la hiperfocal porque deseaba que se viese el fondo desenfocado. Por lo tanto, lo que hice fue iluminar en la oscuridad la comida. Coloqué los valores que veis en el gráfico, dejando el diafragma a f2.8 (una apertura que me gusta mucho y que aseguraba no comprometer la toma por escasez en profundidad de campo), y por la pantalla enfoqué en modo live view. ¡Me lo jugaba a esa carta! No quedaba otra que disparar cuando el chacal metiese su cabeza en esa zona. El trípode de la cámara con todas las secciones recogidas y oculto con tela de la propia haima. En esa posición quería conseguir una visión a ras de suelo.

Había realizado pruebas con el balance de blancos (WB), para chequear el comportamiento de la cámara con la luz de Luna fría, el terreno de tonos cálidos, y el flash con su luz día. Tras sopesarlo decidí no usar ningún gel CTO para corregir el color: cuando ponía gel cálido, el suelo marrón, haimas, así como los tonos pardos y marrones de animal se acentuaban excesivamente, y en el revelado RAW los matices pueden ser un gran problema por dominancias. Si colocaba gel frío para contrarrestar suelo, haimas y animal, la escena sufría del mismo problema pero en azulados o verdosos. Los geles son geniales y los uso para muchas tomas, pero en esta concretamente, no. Por ende, el flash quedó desnudo con su temperatura clásica de 5.600ºK, y en cámara coloqué unos 4.100ºK. La velocidad de disparo como veis es comprometida para un animal tan rápido: 0,8s era lo idóneo para ese f2.8 a ISO 2500 sin generar mucho ruido, conservar detalles y obtener un buen histograma de información. Volvía a jugármela, pero como la luz strobo congela el movimiento, tan solo que se quedase quieto el animal ese instante necesario, tendríamos la fotografía. Lo orienté en diagonal para bañar el área donde se encontraba la comida y donde ocuparía un buen volumen el animal. No quería un flash cercano y frontal en la línea de la cámara que habría dado una luz fea, menos creativa: empezando por la sombra que no sería la lateral que vemos dibujando una forma afilada cercana a un lobo. Con esa distancia y potencia aseguraba el propósito. Con el mando en la mano me permitía el lujo de darle un toque al botón para activar del reposo el equipo sin moverme, y luego disparar cuando el animal entraba en mi zona

Durante horas lo esperaba cada noche. A veces venía temprano y desaparecía largos ratos. Otras llegaba bien entrada la madrugada. Siempre azaroso; desconfiado pero atrevido. La primera noche vino directo hacia la comida, y al primer disparo del flash pegó un bote como un gato. Varios minutos pasaron hasta que se atrevió a volver (preguntándose que porras había sido eso), y cuando lo hizo, en ese segundo golpe de flash lo dejó más desconcertado aún. Tras pensarlo un rato se dio cuenta que cuando iba a por la comida saltaba esa luz, así que a la siguiente fue tan fácil como ir por la comida, aguantar el fogonazo, y con las mismas retirarse unos metros a comer tranquilamente. Me dejó alucinado ese comportamiento. Ahí se había cargado toda mi estrategia. Ese fue el ritual entonces: iba por un pedazo de comida, aguantaba todo el glamour de mi “pasarela” y se apartaba varios metros tan pancho. Sabía perfectamente –por el olor– que yo estaba detrás de la haima. Despierto. Las siguientes noches aparecieron varios chacales (uno más grande que nuestro protagonista), que se comían con ganas lo que ofrecía. La foto pertenece al último día donde llegaron a confluir tres chacales. Se puede observar que no queda comida en el suelo. Se había salido de mi encuadre por la izquierda, y me la volví a jugar: mientras comía un pedazo de pescado, giré la rótula de la cámara, razón por lo que no se ve como en otras tomas la haima de la derecha completa. Al volver agazapado (no olvidemos que solo hay luz de Luna previamente) para buscar más comida, lo trinqué en esta toma final de la que me siento orgulloso.

Recuerdo aquellas jornadas agotadoras que me obligaban a dormir toda la mañana, pero disfruté como un enano con las aventuras del chacal. Fue emocionante y emotivo en un entorno mágico del desierto.
De nuevo un equipo sencillo, económico, pero empleado al servicio de nuestro fin, nos regala fotografías para el recuerdo. Espero sirva de ayuda e inspiración para todos vuestros trabajos.

Gracias por la atención.

©Fotos y texto José Luis Valdivia


#2

@Valdivia, te echábamos de menos por aquí! Gracias por contarnos cómo te las apañaste para conseguir la foto, me he sumergido tanto en la historia que, por un momento, me parecía que yo también estaba en la haima esperando a que el chacal hiciera acto de presencia :slight_smile:


#3

Muchas gracias, Denise. Yo también echo de menos cuando no puedo escribir o contaros cosas, pero este oficio te aísla en viajes que necesitan tiempo y contemplación. Como resultados son fotos y experiencias que merecen la pena. Celebro que me hayas “acompañado” en el interior de ese haima. :wink: Un abrazo.


#4

Alguien tan sumamente ignorante como yo en este mundillo, con un equipo de principiante, un añito haciendo un par de fotos buenas y navegando por estos mundos vuestros, solo puede quedarse alucinado.

Mil Gracias. Así, hasta yo soy capaz de aprender.


#5

Muchas gracias por tu comentario @tenissazuqueca, como bien explicas insistir es la clave. Tener un equipo más o menos bueno hoy día ya no es excusa: con poco se obtiene mucho. Mira sino los ejemplos que expongo en las dos entradas realizadas. Apenas hace diez o quince años habríamos dado palmas con las orejas por poseer cosas así al precio que tienen. Ya ni te cuento cuando arranqué a principios de los 90. Una buena recomendación es no ofuscarse buscando resultados antes que disfrute propio. Cuando la gente deja de pensar en buscar “el fotón”, simplemente porque parece que ese es el fin en nuestros días, aparece el lenguaje personal, una visión más pausada, y una honestidad en cuanto hacemos. Yo con el chacal no pensaba en cuánto iba a agradar a los demás, o los sitios que se publicaría: solo disfruté de esas noches y su presencia.

Gracias de nuevo. Un abrazo.


#6

Gracias Valdivia por compartir tu foto y sobre todo la paciencia y el saber hacer para conseguirla. Me ha gustado la foto y la descripción que haces de como la conseguiste. Gracias.